Ann Arbor Today

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lunes, 11 de junio de 2012

Serendipia dominguera

Era domingo, y en un ratito que tenía entre los ocupados planes que solemos tener los fines de semana, aproveché para ir al supermercado. Aunque principalmente voy a dos distintos, y en esta ocasión tenía que ir a los dos para comprar diferentes productos, decidí empezar por el más cercano a mi casa, Kroger.  El calor sofocante que hacía y el hecho de que fuera casi la hora de la cena aquí (7 de la tarde) propiciaba que el parking del super estuviera relativamente vacío para lo que acostumbra a verse un dia entre semanas. Tras aparcar, coger el respectivo carro y sacar la típica lista de la compra fui recorriendo los estantes cogiendo los productos que componen mi saludable dieta aqui en Ann Arbor. Fresas, plátanos, tomates, ensalada, pan, salmón... Y al llegar a la zona de las carnes, busqué una bandejita de pollo. Últimamente, será por la edad, intento coger productos que aunque sean ligeramente más caros, tengan mayor calidad alimentaria, aunque siempre mirando el precio. Así que pasé de largo de la más barata y curiosee entre las que indicaban pollo "natural". Por natural, ellos entienden y especifican: Libre de antibióticos, hormonas, alimentados con vegetales y unas cuantas cosas más... Aquí es facil encontrar etiquetas donde pone: este pollo esta libre de antibióticos, plátanos orgánicos, carne no tratada con tal o cual, etc... Estos productos a parte de caducar antes, y muchas veces no tener un aspecto tan perfecto ni tan de libro como los otros, suelen tener mucho mejor sabor, aparte de los efectos saludables que espero tengan en mi "maravilloso" cuerpecito una vez ingeridos. Y claro está que si este que tenía entre las manos era el pollo "natural", no puede evitar pensar que el otro era un pollo "antinatural". Así que con toda la naturalidad cogí la bandeja y la puse en el carro, justo en el momento que una señora de color, con gafas y sonriente me indicaba que justo al lado había unos cupones con los cuales me podía ahorrar 1 dolar en la bandeja. Obviamente cogí el cupón, la bandeja y le di las gracias a la señora por el detalle. Tras mas de 30 minutos de recorrer los pasillos, en los cuales hasta dos veces estuve por ir a la caja pero me volví para coger pasta de dientes y papel de aluminio que se me habían olvidado, terminé poniéndome en cola para pagar. Me puse en la caja número 6. Observando que el carro del chico que me precedía estaba lleno busqué otra caja, poniéndome finalmente en la caja número 2, dónde para mi sorpresa justo delante de mi estaba pagando la misma señora que me dijo lo del cupón. Hola, le dije, y hola me respondió con una sonrisa. Supuse que era una de esas casualidades que pasan algunos días. Ya es casualidad que en un supermercado con 16 cajas, y al menos 15 estantes termines coincidiendo con la misma persona dos veces en tan poco tiempo. Curiosamente después me enteré que a la misma hora habían estado en el super mis amigos Alfonso y Mónica y no me los llegué a cruzar. Tras pagar mi compra bisemanal por un importe de 88 dólares y con las bolsas en el carro volví al sofocante calor que hacia fuera del supermercado y me acerqué al coche para meter las bolsas en el maletero e irme cuánto antes a casa y evitar ese bochorno. Cuando estaba a menos de 10 metros del coche, pude ver como justo al lado de mi coche volvia a estar la misma mujer, aparcada justo a mi lado, y metiendo sus bolsas. Vaya coincidencia, un supermercado tan grande, con tanta gente... un parking tan grande y con tantos sitios libres, y era la tercera vez que me encontraba con ella. Hola de nuevo le dije, hola de nuevo, contestó. Mientras colocaba las bolsas en el maletero, vi como un papel se caía desde su coche, como os decía justo al lado, planeaba en el aire con el ligero viento que hacía y se paraba junto a la rueda trasera izquierda de mi coche. Viendo que se le había caído a mi ya conocida amiga, me dispuse a cogerlo y devolverle lo que finalmente fue un billete de 1 dolar. ¡Ey! Perdone, se le ha caído ahora mismo. ¡Vaya! Gracias, me dijo. Este dolar debe ser el que te he ayudado a ahorrar antes dentro con el cupón y ahora me lo devuelves tú, me dijo con total normalidad. Este debe de ser, le contesté devolviéndole la sonrisa, el dolar, y el detalle.

domingo, 20 de mayo de 2012

El salón de Germaría

Igual que los Simpsons tienen el bar de Mou, los personajes de Friends tienen el Central Perk, o los de Como conoci... tienen el MacLarens, nosotros, los españoles en Ann Arbor, tenemos el salón de la casa de Germán y María. Si nos colocaran un chip de esos que reflejan en una pantalla por donde te mueves y a donde vas, quedaría demostrado que tras el trabajo y nuestras propias casas (probablemente ni siquiera eso), allí es el lugar donde más tiempo pasamos. Un sitio donde quedan pocas cosas por hacer y por hablar que no se hayan hecho o dicho ya.

Si hay ciudades como New York o Chicago con su barrio chino, o su barrio italiano... por poner ejemplos, en Ann Arbor el barrio español está situado en esa casa. Toda fiesta, celebración, u acontecimiento que se precie para nosotros empieza y termina en el conocido como Km. 0 de Ann Arbor. Y no es raro que hace poco hablando con una chica italiana que vive muy al final de la calle, nos dijera: "Ah, ¿vosotros sois los españoles que vivís allí? Yo conozco la casa porque siempre hay gente hablando en español y se escucha desde la calle."

Quizás, me podréis decir que no es un bar como los que tienen las pandillas de amigos en las series americanas, pero en ese salón siempre hay bebidas y ¡¡casi nunca sin alcohol!!. Será por eso que el de la licorería sabe más que de sobra quienes somos, de vez en cuando nos regala una botella de coca-cola o una botella de vino, y nos gasta bromas con el hielo, como que para qué compramos hielo con todo el que hay afuera...

Es típico llegar a esa casa, abrir la puerta (que casi siempre está abierta) y oír eso de... "la cocina está al final, pilla cerveza y adáptate". Además como en los mejores bares, siempre hay pistachos, cacahuetes, o nachos con su salsa de queso para picotear...

Y como en The Big Band Theory, a menudo nos reunimos todos en torno a cuatro o cinco platos de comida Thai, picante para German y María, y sin picante para los demás... Algunos en sillas, otros en el sofá, incluso alguno en el suelo cuando somos demasiados... y a comer y a reír... Y si no es comida Thai, el plan B es una pizza "Party" de 32 porciones del Cottage Inn, pero no hay muchas más opciones, porque cuando nos salimos de eso... siempre pasan cosas... Ya sea un chino que no encuentra o no entiende la calle y llega una hora y cuarto tarde con la comida, o es una pizza "personal" (para 1) para compartir entre 4... Será por eso que tenemos tarjeta del Thai y nos dan platos gratis de vez en cuando, y cuando nos lo traen a casa el repartidor intenta incluso entrar sin llamar. Y es que ya hay confianza. Se ve que lo de "las puertas de nuestra casa siempre están abiertas" que dicen Germán y María se lo toman en serio.

Y si tuviera que recordar ahora... en ese salón hemos cotilleado, comentado y discutido, hemos organizado viajes, hecho planes, fiestas, celebrado cumpleaños, y no se cuantas risas, bailes, música..., sin importar la hora, lo mismo a las 7 de la mañana, que a las 3 de la tarde, a las 9 de la noche, o a las 4 de la mañana...

También es típico ajustar las cuentas allí, y ver billetes pasar de unas manos a otras, tu me debes 20, pero yo te debía 17, me cojo 3, pero le debía a otro 8,5 y tu se lo das al otro porque yo le debo 4. Y así, la mesa del salón se puede convertir en cuestión de segundos en algo más propio de un tablero de Monopoly que de una casa normal.

En ese salón, hemos visto pelis, hasta 3 seguidas y sin levantarnos, aunque la última fuera realmente mala... hemos visto innumerables partidos de fútbol, la mayoría de las veces el Madrid y el Barça seguidos...

Y cualquier "español en ann arbor" que haya pasado por el grupo, alguna vez ha pasado la noche en ese salón o se ha dormido, ya fuera viendo una peli, rendidos de cansancio, y la mayoría de las veces porque no estábamos en condiciones de conducir. Como aquella vez que uno de nosotros se quería ir a casa a eso de las cuatro de la mañana y le dijimos...

-"Quillo, tu no estás para conducir".
-"Pooooooooor qué?".
-"Por que no puedes ni hablar."
-"Vale, es verdad, me quedo."

Con todo esto os podréis imaginar que no es raro que el vecino de enfrente haya venido a decirnos con la ley en la mano (literalmente e impresa previamente) que teníamos que callarnos a cierta hora. Alguna vez nos hemos recogido a las 3 de la mañana y veníamos por la calle mandándonos callar para supuestamente no hacer ruido y al parecer hemos despertado a María que dormía en casa.

Y no vayáis a pensar que tienen que estar Germán y María para dejarnos pasar... Incluso sin ellos hemos llegado a estar allí bebiendo... La hospitalidad en grado sumo.

Y aunque a veces escribo de pequeñas cosas, como las puertas de hadas, o un día en Detroit, que son cosas más que puntuales, hoy escribo del salón de Germaría, que es el pan de cada día, o mejor dicho la pizza y la cerveza de cada día.

Podría poner cientos de fotos que tenemos en ese salón, comiendo, bebiendo, borrachos, arreglados, en pijama, con las botas de nieve, en bermudas, celebrando cumpleaños, organizando viajes... pero creo que sólo tengo una de ellos dos solos en su salón... y me apetecía ponerla. 


Vaya desde aquí el homenaje y el agradecimiento a los dos por ofrecer y ceder gratuitamente cada día el Km. 0 de Ann Arbor y hacer de su casa el hogar de todos.

Tras el salón... otro día hablaré del jardín....


sábado, 5 de mayo de 2012

"Siento" por ciento de mi

El ser humano está compuesto por varios billones de células. Bueno, depende que ser humano claro... algunos humanos más "gorditos" tienen más billones que otros, obviamente.

Células, minúsculas piezas de vida que se agrupan en tejidos y dan forma al cuerpo que tenemos. Así, tendremos células que forman la piel, órganos como el cerebro, el corazón, el hígado o el páncreas. Y cada una de esos billones de células individualmente tendrán el mismo libro de instrucciones para que tú seas tú y solamente tú y no otro, con tus virtudes y tus defectos. Cada célula con la misma información y cada célula según su posición en el cuerpo tomará el capitulo que necesita para funcionar adecuadamente. Y por eso tenemos los ojos en los ojos y los pies en los pies. Y funciona todo tan bien, que no nos salen manos en las orejas ni pulmones en las rodillas. Y funcionan igual que cuando recibes un aparatito nuevo que no sabes utilizar, lees sólo la parte que te interesa de un libro de instrucciones y lo haces funcionar.

Actualmente se acepta que cada persona es una mezcla de la información de sus genes y su ambiente. Por tanto, incluso dos personas con la misma información como en el caso de dos hermanos gemelos, se pueden comportar y ser de manera diferente. Por un lado, sus relaciones con otras personas, su educación y los hechos que le marquen durante su vida modularan su personalidad, y por otro, el ambiente, lo que coma o el ejercicio que haga, por ejemplo, modularan su físico. 

De manera sencilla, si en la lotería de la vida, una de estas células (como decía, billones) pierde su librito, y las otras células de tu organismo no pueden controlarla, posiblemente empiece a reproducirse sin control y entonces aparezca un tumor o el cáncer. No es tan sencillo que lo pierda, ni tan sencillo que las otras no la controlen, pero pasa... a veces pasa... más de las que quisiéramos.

Hay personas que durante su vida se cuidarán comiendo sano, eligiendo productos orgánicos para su dieta, evitando la leche o las carnes rojas, haciendo deporte, protegiéndose del sol, tomando vitaminas, sin beber alcohol ni fumar, evitando tener cerca zonas wifi, el móvil, y los aparatos que emitan ondas, entre otras millones de normas y restricciones... Otras personas dirán que de algo hay que morir y se protegerán de menos cosas. Como no es una regla directa, los habrá que se cuiden de todo y morirán jóvenes y los habrá que no se cuiden de nada y morirán viejos. Pero la teoría dice que cuidándote ganarás posibilidades de vivir más. Así, cada uno vivirá como quiera y como necesite para ser feliz... Pero finalmente lo único 100% seguro es que naceremos y moriremos. Y cada uno jugará sus cartas como quiera, pueda y le hayan enseñado, y aún así no será completamente dueño de su destino. 

Hace poco se publicaba un libro escrito por una enfermera cuyo trabajo era atender a los pacientes en estadios terminales. En sus páginas relataba que todos sin excepción en esos momentos reconocían no haber hecho todo lo que quisieron o haber dicho todo lo que querían por miedo al que dirán, por vergüenza... Reconocieron haber perdido la oportunidad de decir más "te quieros", haber dado más abrazos... Haber viajado y vivido más... o al menos de otra manera. 

¿Y a qué viene todo esto pensaréis? Todo esto lo escribo porque te cuides o no, disfrutes o no, la esencia del ser humano es ser finito. Hace poco en una serie de televisión un personaje con cáncer le decía a otro supuestamente sano: "Tu también te estás muriendo. Más lentamente que yo... pero también lo estas haciendo." Puede parecer triste, pero es real. La parte positiva de esto, o como yo lo veo, es que hay que vivir y disfrutar de cada día. No diré lo de vivir cada día como si fuera el último. No digo que haya que hacer una locura cada día; no me refiero a que haya que hacer puenting, pilotar un avión, o cosas así... Lo que quiero decir es que hay que disfrutar cada segundo de ti y de los tuyos al máximo de lo que den tus posibilidades. Disfrutar de lo que te rodea, de lo que te gusta y apasiona. Sin frenos y sin restricciones.

Por esto, pienso que no se debe perder ni un segundo... Por que al final lo quieras o no, serás una de esas personas que cuando se te acabe el tiempo y si con suerte tienes la oportunidad, podrás decirle a alguien lo que te arrepientes del tiempo perdido. Perdido por no hacer o decir lo que de verdad sientes.  

Diré que con "sólo" mi edad, he visto a la vida llevarse a un amigo con apenas 30 años, y por desgracia tengo a mi alrededor más amigos y conocidos de mi edad, años arriba años abajo, que han tenido o tienen en estos momentos un tumor o cáncer. Seguro que vosotros si miráis alrededor os pasará igual. 

Y es que al final todos somos células... Células que cada día nacen, crecen, se reproducen, se reparan, mueren o son eliminadas. Billones de ellas haciendo que tu cuerpo funcione. Billones de ellas comiendo lo que comes, con sus vitaminas o sus aditivos, sus tóxicos y drogas..., expuestas al sol y al frío, a radiaciones, a ondas...  pero también sintiendo lo que sientes, y viviendo lo que vives.

Y esa información, ese librito que tenemos pasará de padres a hijos. Esa preciada información, que incluye como son tus ojos, o tu boca, como piensas determinadas cosas, por qué te sientas en el sofá de una manera o de otra o tu forma de gesticular se reflejará en la siguiente generación, y alguien dirá es "clavado a su madre, o a su padre". Una de tus células tomará la mitad del librito de instrucciones y se unirá con la de tu pareja, formando un nuevo ser, con un nuevo libro formado con páginas de un padre y páginas de una madre. Mitad y mitad. Y tendrá los ojos de ella, el pelo de él, las manos de su abuelo y la forma de ser de su abuela... Billones de células formando un ser nuevo pero que no deja de ser una mezcla única y maravillosa de los anteriores y que la vida terminará de pulir para bien o para mal. 


Ya han pasado algunos meses, y conforme pasa el tiempo en vez de olvidarme con cada día que pasa, más claro veo en el espejo esa mitad del libro que me dejó mi padre. Esa mitad de esos billones cada vez está más presente en mi. Cada vez hay más gestos y más formas de ser y actuar que salen a relucir y me sorprendo a mi mismo corriendo, riéndome, o durmiendo como él lo hacía. Y no sé si es consecuencia de echarlo de menos o que vas haciéndote más mayor (no diré viejo) y cada vez me siento más parecido a él. Al fin y al cabo, es una forma de sentirle cerca, y supongo que un mecanismo como cualquier otro de defensa. Supongo que cuando hago algo que me recuerda a él se ve fortalecido inmediatamente en mi forma de ser y de actuar para prolongarlo en el tiempo y que algún día pase a la siguiente generación. Una ley de la naturaleza para decir esto tiene que mantenerse así. 

Hoy 6 de mayo y hace 60 años, nació mi padre, y el azar y las leyes de la vida generaron de alguna u otra manera lo que hoy es el 50% de mi libro de instrucciones. Casualmente, hoy 6 de Mayo de 2012 es el Día de la Madre, el día de la madre que me ha dado el otro 50% de instrucciones.

Hoy es un día como podría ser otro cualquiera, pero no lo es... Sólo os puedo decir que aprovechéis el segundo que tengan ahora y como hace poco escribía Alejandro Sanz: "Llamen a sus madres (y/o padres) ahora mismo para decirles que son lo más importante de su vida".

Hoy es un día estupendo para daros las gracias papá y mamá por esas maravillosa dos mitades de instrucciones que me dan forma, me dan vida y me recuerdan a vosotros.

No sé si las felicidades son más para mi o para vosotros... Os quiero.


domingo, 25 de marzo de 2012

Cuentos de hadas

Érase una vez un chavalito con gafas que vivía en una pequeña ciudad de Michigan.
Ann Arbor, que así se llamaba este entrañable rincón del planeta, guardaba innumerables secretos entre sus calles y los seres que la habitaban. Los mapaches, topos, ardillas, conejitos, ciervos, pajaritos, cisnes, y demás animalitos vivían en perfecta armonía con la naturaleza, y cierta magia envolvía el ambiente de sus habitantes. Pero si había algo, algo que fuera realmente mágico y que se escapara de toda lógica en la pequeña ciudad de Ann Arbor, eran las hadas.
Sí,... las hadas... esas criaturitas aladas en forma de hermosas y diminutas mujeres. Unas hadas que siempre se creyeron personajes de cuentos, mitos y leyendas. Esas criaturas que sólo cuando cometen algún descuido o se sienten muy muy seguras se dejan ver por algunos niños y niñas. Unas hadas que los adultos siempre pensaron que eran productos de la imaginación de los más pequeños, pero que en la aldea de Ann Arbor, existen. Ya lo creo que existen...

No os mentiré, y aunque cierto es que esos pequeños y mágicos seres viven en Ann Arbor, en muy raras ocasiones se han dejado ver por un adulto. Muchos menos por uno con gafas y barba como Manolito. Pero aún no habiendo tenido la oportunidad de ver aunque sea una, Manolito ha conseguido un mapa y cierta información privilegiada con las principales casitas de estas hadas.



Un mapa y unas fotografías que descubrió por internet en http://www.urban-fairies.com y será sólo cuestión de tiempo que el intrépido Manolito con toda esta información consiga la prueba definitiva de que estos seres realmente existen.  

Si alguna vez vosotros, niños y adultos, tenéis la oportunidad de venir a Ann Arbor, no dejéis de mirar a la altura de vuestros zapatos,


en los sitios más recónditos,



en los sitios donde menos os lo esperéis, como en una cafetería...


en una tienda de ropa...


o en una tienda de regalos...



  en la librería, 


o en las salas de conciertos y teatros....




porque allí, en los lugares más mágicos de Ann Arbor  pero con total naturalidad,


encontraréis alguna casita de hada.

Y si alguna vez tuvierais la increíble suerte de encontraros frente a frente con una de estas hadas, permanecer quietos y sigilosos, no intentéis cogerla o asustarla, sólo disfrutar de ese maravilloso y mágico momento y sólo si el hada está de buenas y le caéis en gracia, quizás y sólo quizás, os conceda el poder de volar.

Manolito con sus gafas, seguirá buscando encontrarse con alguna, ya que siempre tiene ganas de volar... y últimamente los vuelos están por las nubes.

Un abrazo a todos....

lunes, 12 de marzo de 2012

Detroit... Grande Detroit

Siempre que voy a Detroit mantengo los ojos muy abiertos. Todo lo que puedes ver te hace pensar... y mucho.
¿Cuándo fue que se paró el tiempo para Detroit?


 Hay ciertos sitios en el planeta, que por su belleza paisajística natural, por la arquitectura, por la mezcla de culturas, por lo sorprendente, pueden llamarte poderosamente la atención. Pero en Detroit, se juntan una serie de historias, pensamientos y circunstancias que te hace pensar hacia donde se dirige el planeta, o la humanidad.


Ya os he hablado de Detroit antes, pero tendríais que verlo...


Esto es la vista de Detroit casi desde Canadá, en la Belle Isle.


Y con esta imagen, podéis ver una ciudad, yo diría bonita, una gran ciudad... mirando al río y con aires de grandeza, como lo hace Chicago frente al lago, o Nueva York desde su isla de Manhattan. Cuando uno se adentra en las entrañas de Detroit todavía puede ver algún edificio imponente, que parezca que la ciudad aún tiene vida...


 que todavía respira.


Pero las calles estás vacías, no hay coches que recorran su asfalto, casi ni gente caminando... Un poco fantasmagórica podría decir. Y hay veces que ves a gente con "mala pinta" y otras que ves a gente con "buena pinta"... pero cuando no ves a nadie, es aún más inquietante.

Parece que el tiempo se hubiera ralentizado, y el aire se ha hecho pesado...


Y tras un primer vistazo puede parecer que la ciudad sigue ahí, funcionando, maquinando...


Pero si abres bien los ojos, empiezas a ver los síntomas de la enfermedad. Donde creías ver un edificio de oficinas, ves que está vacío


y las ventanas se han roto con el paso del tiempo,


igual en este,


si miras más allá también,... ¿Es todo un decorado? ¿Qué queda detrás de toda esta masa de hormigón y cristales? En pocos sitios en el mundo creo que se puede  ver este paisaje... Este edifico diría que joya de la época reducido a lo que veis. Inquieta.



Y los alrededores aún más. A otras fotos que ya añadí anteriormente, adjunto nuevas. Gracias al paseo que nos dio Germán con el coche pude fotografiar algunas de las casas que mientras las miras por la ventanilla me producen tanta perplejidad. Casas y más casas abandonadas, casas y más casas quemadas...





Así, quizás haya cientos, no se si habrá datos de cuantas casas están en este estado. Hogares, dulces hogares fueron de aquellos trabajadores que ahora no trabajan en aquellos rascacielos vacíos, en aquella ciudad que no se a ciencia cierta si sigue siendo ciudad.

Y cuando te bajas del coche a hacer una foto, no sabes si alguien te estará vigilando. Inquieta no ver a nadie... por un lado porque en tu cabeza no puedes pensar que una ciudad tan grande tenga tanto silencio, tanta soledad, y por otro porque lo único razonable que se te ocurre es que la gente esta escondida, y no estés solo, ¿o sí?

Y rizando el rizo, llegas a Heidelberg Street. Un barrio venido a menos y luego a más. Un barrio donde ante la crisis y el abandono, y como protesta política surge el "arte" callejero.



 Un barrio dónde unas personas decidieron protestar y llamar la atención con sus denuncias,


 su expresión,


sus ideas. Llenando las casas vacías y abandonadas de quien sabe qué...



Un barrio que han intentado demoler varias veces y sus pocos habitantes han logrado convertir el barrio en un reclamo turístico...




en algo imprescindible que visitar en Detroit.


En una locura... Unas casas que dan entre miedo, y risa.


Esa risa que te sale cuando la situación surrealista te atrapa. Esa risa del "no entender". Tan surrealista que de repente te cruzas con una familia y llevan un perro rosa.... y te preguntas, si lo han pintado, si es arte, o si es una raza que ha surgido en Detroit... Aún así, lo que está claro es que no vas a olvidar la primera vez y posiblemente última, que viste un perro rosa.


Por momentos parece un Disneylandia de Tim Burton.




Alguna vez he escuchado decir que el arte, aunque no se pueda explicar que es, es algo que no te deja indiferente. Si es así, llamemos ARTE a este barrio...


Quizás, y sólo quizás, sea por aquí por donde aún respira Detroit.


Aunque en el barrio, no se ven a los artistas, nadie te cobra una entrada, ni nadie parece estar vigilando nada... Ni tan siquiera ves a alguien viviendo cerca...  e inquieta... me inquieta y mucho Detroit. Y me pregunto cuando fue cuándo se paró el tiempo en esta ciudad, y si volverá a ponerse en hora...


Grande Detroit.

miércoles, 22 de febrero de 2012

El plan

Ajú que rollaso... Otros carnavales en Cádiz y yo aquí, aquí en Michigan.
Con la sonrisa forzada de medio "lao" y trabajando como un robot con la mente puesta en Cádiz. 
Ya se acabó el concurso. Lo escuché, lo vi, opiné y lo disfruté, desde el primer día hasta el último, igual que si estuviera allí. Bueno igual no, por que seguro que habría ido al Falla.


Y esta semana... fuffffff... ajú que rollaso....


Cada día voy pensando donde estaría la gente y donde estaría yo si estuviera allí, que estaría haciendo, a donde iría, a que hora me recogería...

El Viernes la final, hasta los premios. Sin pegar ojo. Comiendo Pizza y tortilla, chucherias y cubatas, comentándolo con mi hermano... Esto ha sido una porquería, este mejor, este no debería haber pasado. Su porra, y a la cama mosqueao por que no ha ganado alguna de las que quería. Qué injusticia....


El Sábado paseíto por la tarde por la Segunda Aguada. Un disfraz improvisado y pal centro para escuchar el pregón, y a disfrutar de la noche hasta que los patosos, gamberros y borrachos (de fuera la mayoría y de Cádiz algunos) le ganaran la partida al sábado. Y prontito para casa que la gente de Cadi Cadi sabe que el sábado no hay ná que hacer en la calle, y mucho mejor los diítas en la plaza.




El dominguito su gorro de vaquero y su bocata de tortilla y pa' la calle Londres, que ya no se llama Londres, o pal Melli, que ya no está donde estaba. Pero al final todo el mundo se encuentra allí. A beber, a escuchar, a reir... y llegará la tarde y llegará la noche. De grupo en grupo, de saludo en saludo, de charla con uno y con otro. De risas con uno y con otro. Y llegará la madrugada... y te vas moviendo con los amigos cada vez más cerca de la Viña. Con los amigos o con el que te encuentres por que es posible que ya no vayas con la misma gente con la que empezaste, lleves la cara pintada y todo te haga mucha más gracia que antes...  Y si hubiera fuerzas y ganas ¡a la Carpa!.



Y el lunes otra vez, pero más tranquilo, más de Cádiz. Y habría ido a la Torre Tavira, y por los alrededores a escuchar, a ver a las buenas ilegales. Y habría escuchado a los del Perchero (con la correspondiente compra del libreto al amigo Antonio).


 Que tengo aquí los de años anteriores que me los mandó mi madre junto al jamón reglamentario. Podéis pensar que es imposible, pero aquí en Michigan en mi casa, no es díficil encontrar un libreto de carnaval, un libro de Cádiz o un itinerario de Semana Santa.
Y habría terminado el lunes escuchando a los loritos Ye-Ye, y a los Guatifó... Y no aquí en Michigan, esperando que los cuelgue en el Youtube un tio de Madrid.



Y el Martes me habría quitado el sombrero de vaquero después de 2 días. Tendría los pelitos como si hubiera salido de penitente 8 horas... y estaría mirando en el diario donde canta hoy el Love, los Hinchapelotas o Los Duendes...



Y terminaría en el pregón del Dios Momo en San Antonio, que significa que el carnaval llega a su fin, bueno, que llega a su fin en el resto del mundo. Pero en Cádiz dura más... mucho más.


Y el miércoles al Pópulo a escuchar las ilegales. A buscar la ilegal del Cossi... A buscar al Salvador en algun portal perdio... y a tirar de móvil. Quillo ven pacá, quillo voy, corre que aqui canta esta... corre que allí canta aquella... Y su vasito de tinto o su cerveceo...


Y el jueves la final de La Palma. A escuchar a los grupos punteros hasta las 3 o las 4 de la mañana. A ver esta año donde ponen el tablao. Que recuerdo más bonito, de pequeño estar allí con mis padres hasta que aparecía la comparsa de Martinez Ares, o la de Antonio Martin, a las 3 o las 4, que llegaban de cantar por todos los pueblos, o de los contratos, o de otros concursos. Y cantaban de otros años, y cantaban las rumbas, y la gente que no se jartaba de carnaval, y otra, y otra más. Y los últimos años de la Viña a la carpa. Y a recogerte de día, y la gente en el autobús mirándome como si hubiera madrugado y yo con la sonrisa de saber que era viernes por la mañana y la última vez que me acosté era miércoles. Y de ahí pal trabajo. Con to la mala cara, la mía y la de mi madre por no haber venido a dormir. Pero en esos momentos es cuando dices... ¡Qué me quiten lo bailao!, nunca mejor dicho.


Y el viernes, viernes de coros en la Viña, y a pintarse dos coloretes en la cara, y a escuchar las ilegales que te quedan. A la placita de los fantasmas, a los techitos y a escuchar al Calixto con su romancero, y al Manteca. Y entre una cosa y otra te comes un bocadillo de pollo con patatas fritas. Sí, su pollo asado desmenuzado, sus patatas fritas y todo dentro de una viena de pan. Magnifico.

Y el sábado, en la calle Plocia, su tablao por la noche y sus panizas... y de allí pa la Viña. Y el domingo vuelta a empezar... pero más tranquilo, disfrutando y apurando porque sabes que te va a quedar un año para disfrutar de la calle otra vez... en Candelaria escuchas las ultimas coplas, y te vas recogiendo pensando que ha sido un gran carnaval... Y que estas deseando que llegue el próximo.


Ajú que rollaso... Todo eso ha sido "mi programa" del Carnaval durante años... no sabría decir ni cuantos. Ese era el plan. Y si ahora mismo pudiera me compraría el billete que en 20 horas me llevara a mi casa para los carnavales del año que viene porque estoy que me subo por las paredes. Pero resulta que no te venden un vuelo con más de 11 meses de antelación. Por ahí se salva la cuenta del Bank of América de no llevarse el picotazo de mil y pico... Que cuando uno lo piensa fríamente puede ser que no lo haga. Pero cuando tienes la morriña en grado sumo, el dinero no importa. ¿Cuanto vale volver a pasar unos carnavales en Cádiz? Señores que van tres años fuera ya... y esto es demasiado....



Así que ahora mismo he decidido escribir todo esto aquí en el blog para que cuando a final de año empiece a mirar billete, pueda leer todo esto y acordarme del rollaso que es estar en Carnavales en Michigan y la gente mandando mensajes, videos y fotos por el whatsapp... y tu aqui con la cara de un uno (1).... y que pal año que viene se va a quedar aquí un romano.

He dicho.